lunes, 17 de agosto de 2015

Décimas Soporíferas o Décimas Tan Aburridas que Provocan Ganas de Dormir (Letras del Mañana)

No es muy bueno el panorama 
que las cosas hoy me pintan. 
Las sonrisas que hoy entintan 
son la máscara del drama, 
que, aunque traigan mucha fama 
de sonriente encantador, 
no son más que un buen rubor 
disfrazante de las manchas. 
No pequeñas, sí muy anchas, 
que "definen un señor".

"Enredado en ajenismos".
Así debí comenzar. 
O "En lo Ajeno fui a Parar"
no es igual, pero es lo mismo. 
Pero más puede el cinismo 
del que sabe que se pierde, 
que las ansias que se muerden 
por decir un par de cosas 
de las feas, dolorosas...
pero no me lo recuerde.

Pero el tema principal 
no ha salido aún a flote, 
y más vale que no explote, 
no me vaya a salir mal. 
Es que fue muy desigual 
el comienzo del escrito, 
pero espéreme un ratito 
yo me encargo de cuadrarlo, 
o sino de encuadernarlo 
y dejarlo guardadito.

Ya no más, no más espera, 
hay un punto qué tratar 
y es momento de arrancar.
De una cosa hablar quisiera, 
y no encuentro la manera 
que resulte más precisa, 
más amena, más concisa, 
más legible, más amable, 
menos dura, más palpable, 
que no cause tanta risa.

Es deber del soñador 
abandonar sus retrasos. 
Yo ya he dado el primer paso, 
¿el segundo? / ahí va, señor.
Una noche de calor 
seguro provocaría 
una loca "epidemía" 
de insomnes ciudadanos 
dando vueltas, cual marranos. 
¡Qué espectáculo, Dios "Mía"!

Porque nunca ha de faltar 
en la cama de un buen "damo", 
la presencia de aquel amo 
que lo deja a él soñar. 
¿Es que puede alguien andar 
sin haber dormido un poco?
Tiene uno que estar loco, 
y vacía su cabeza, 
para no ver la belleza
de caer como una "roco".

Me disculpo si relato 
de manera un poco tosca, 
como "rosco" en vez de rosca, 
y no logro un buen retrato; 
es que yo, tan insensato, 
no he podido decir bien 
(Dios me ayude a mí. Amén) 
la razón que me conduce 
a poner lo que antes puse...
ya no tardo... un santiamén.

La razón del desvarío 
es la misma que me trajo 
a escribir con desparpajo 
los errores que antes "vío".
Esa misma, majo...tío, 
que me tiene a mi escribiendo, 
que lo tiene a usted leyendo, 
que me tiene a mi, por suerte, 
alejado de la muerte 
que me ha andado persiguiendo.

Y no más vacilaciones. 
Lo que pasa es muy sencillo: 
he sacado del bolsillo 
mis viejas anotaciones, 
tomé un par de decisiones, 
anoté varias tareas, 
vi mis fotos (ay qué feas), 
y saqué una conclusión 
que sale a continuación, 
porque usted ya cabecea.

Cabecea como yo. 
Pero tiene usted la dicha 
de contar diez "ovejichas" 
y con eso se durmió. 
¿Puedo hacer lo mismo? No.
Y con eso he de decir: 
Sólo queda concluir
que de mi ya no soy dueño. 
Es que tengo tanto sueño 
que no me deja dormir.

17/08/2015


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