Obviando la pregunta que viniera,
la bestia escupe, sin verme siquiera:
¿Otra vez usted con la misma lora?
Sin lograr entender nada,
entro al juego despiadado.
Miro a uno y otro lado.
Esta vieja desgraciada,
orejona, descarada,
carenalga, regordeta,
utiliza una chancleta...
recorriendo ésta el viento,
raspó de un modo violento
el cuero de mi chaqueta.
¡Un momento! Dije yo.
No escuchó la muy idiota.
Asumiendo la derrota
como todo un señor,
recordé algo peor:
¡Omitía mi cuestión!
Supe yo que era un momento
tan preciso como loco.
Intenté de nuevo un poco
colocar mi interrogante
oponiendo ella, al instante,
piedras raudas, como flechas.
A pesar de lo que digan,
reparada está la cosa.
Ayer nos vimos, y volví a preguntar.
La cosa volvía a empezar.
Advirtiendo su violencia
paciencia solicité.
Además sólo quería recordar una palabra.
La misma que a las letras
acomoda en vertical.
Babeando. Quedé igual.
Rumiando la palabrita...
Acro...acre...arco..
Me apresuré y pedí paciencia.
Escuche usted bella locata.
Me surgía una pregunta
ocurrente a la memoria.
Relaté pues mi inquietud...y ahora...
Increíble, ella me sopla....
"Acróstico"
20/07/2015

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