martes, 21 de abril de 2015

Tal Vez

Sigo incapaz de mirarme sin temor, sin esa pasión que me sabe encontrar aunque me le ponga en el más escondido escondite. Es la pasión del morir. Esa seducción acaso comprensible, ese afán (sin afán, qué ilógico) por saber si "allá" todo es más fácil, si será que luego todo se pone más clarito, si las decisiones se pueden devolver, las acciones deshacer. El deseo constante de huir. Esa tentación de sentirme cobarde y valiente al mismo tiempo. Haber convertido la decepción del mundo en una intención de cambiarlo, y luego sentir la imposibilidad de tan altruista empresa. Creer y saber que el cambio está en el espejo. Es que es la consciencia la que revuelca. Es que saber todo lo que hay que hacer y no querer hacer nada es lo que mata, lo que creo que me mata. Es que es el pudor que llega luego de escribir "me mata", como si de verdad me matara, como si fuera algo más que llanto y hueco en el estómago ("hueco en el alma" también me avergüenza). Tal vez sea la temida solución la indicada...tal vez. Es que a veces creo que es una persona la que me condena, a veces creo que es una persona la que me salva, a veces creo que quien me salva me condena y quien me condena me salva. Y no... no es ninguna de las personas que acostumbro a herir (es verdad, no hay aristas en esto) y entonces otra vez vuelvo al espejo, porque es el espejo el responsable, ¿me entiendes? Es el espejo que teme curarse de ti, de mi, de la vida. Es que el espejo se está poniendo feo, como sucio, como rallado, como opaco, como encorvado, como que al espejo de verdad ya no le sirve la espalda, como que el espejo llora solo (y se avergüenza) y nadie se entera, como que el espejo no supo qué hacer con el espejo y ¡pum! se dejó caer. Es que el espejo es el que me anda diciendo que tal vez, y así es muy complicado.



21/04/2015

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