Hay días en que somos tan tránquilos, tan tránquilos,
como la serena sonrisa del corazón.
Tal vez explicarlo sí sea tan imposible
y no logre yo nunca descifrar mi pasión.
Hay días en que somos tan trísticos, tan trísticos,
como la lágrima que no deja respirar:
inundando el alma con interminables llantos
que retienen a un punto la magia de besar.
Y hay días en que somos tan éxtraños, tan éxtraños,
como el cielo cuando llora y da su luz también:
nos domina una locura sin ningún sentido
y somos, de una triste sonrisa, su rehén.
Y hay días en que somos tan ídiotas, tan ídiotas,
hasta el mundo creemos llevar en nuestras manos:
queremos controlar un deseo, un sentir,
y acogemos al odio y al rencor como hermanos.
Y hay días en que somos tan félices, tan félices,
como es en tus ojos tan hermoso el infinito:
"perderme en tu boca y perecer entre tus brazos":
sólo el gran comienzo de un poema aún no escrito.
¡Ah! Pero hay un día... sólo uno y nada más
que dejamos el peso de la carne acabada,
nos volvemos un recuerdo y más de mil olvidos,
y al final soy del aire, del amor de mi amada.
15/03/2012

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